ENTRE RÍOS: de empleados infieles y otras deslealtades / La Nota de Opinión de Juan C. Arralde

Sorprende la calidad de “empleados infieles” que tiene el Gobierno de Entre Ríos.- Y se trata de una cuestión cualitativa porque la infidelidad denunciada le ha costado millones a todos los entrerrianos y una dosis aun no mensurada de confianza y credibilidad en el máximo nivel de poder.

La “gran estafa” de ATER que se calcula en unos 50 millones de pesos –y aún falta la prometida aparición de una nueva lista de contribuyentes en un nuevo período- a manos de dos supuestos “empleados infieles” sin demasiado poder y un chofer del Gobernador detenido con 20 kg de cocaína, son episodios que hablan por sí solos de la fragilidad que acusa un sistema acechado por el fantasma de la infidelidad.- 

¿Es creíble semejante debilidad institucional para detectar fugas seriales de dinero público y narcotraficantes en el círculo del propio Gobernador ? La pregunta no es ociosa porque cualquier ciudadano de a pié tiene el legítimo derecho de la duda sobre lo que subyace detrás, debajo o encima de estos “servidores públicos” sin mas responsabilidad que la de manejar una mesa de entradas administrativa o simplemente conducir el vehículo oficial del Gobernador Urribarri.- 

Si un empleado infiel es capaz de pergeñar tamaña estafa o negocio negro en las narices mismas del poder cabe imaginarse lo que puede hacer (o hace) un funcionario público con poder de decisión, estructura, manejo de caja y sin controles serios que sortear.- La sospecha es válida y está claramente instalada en el inconciente colectivo…aunque nadie lo diga en público.- Este silencio social puede interpretarse como una tácita complicidad, una actitud de resignación y hasta un instalado desinterés por la cosa pública en la medida que las propias necesidades estén medianamente satisfechas.- El “Yo, argentino” es la excusa banal mas perfecta para justificar el propio descompromiso y la anomia que patológicamente se ha adueñado de la sociedad entrerriana (tan argentina como el asado).

Entre Ríos vive en un sistema casi sin controles.- Una democracia sin una oposición que condicione las decisiones del gobierno, con un oficialismo abroquelado en un megabloque de diputados y un Senado monocolor.- Un sistema sin controles de gestión.- Desde 2008 en adelante no se han creado ni el Defensor del Pueblo, ni el nuevo Tribunal de Cuentas de 5 miembros, ni reglamentado el ingreso por concurso de los empleados públicos, ni la distribución de los dineros para la pauta publicitaria oficial.- 

Un SuperGobernador con una legitimidad de origen indiscutible, con una aceitada relación política con la Presidente que le asegura flujo de fondos frescos y un aparato publicitario millonario que “vende” una gestión marketinera en los medios y deficitaria en los verdaderos y reales resultados.- Frente a este escenario…la aparición de aisladas manchas negras no parecen conmover la conciencia ciudadana y –menos aún- el interés del propio Gobierno, cómodo en las encuestas que lo señalan como una buena gestión.

Pero no hay peor ciego que aquel que no quiere ver.- Y es certero que ese velo autoimpuesto por los entrerrianos se correrá en 2016, cuando un nuevo Gobernador deba lidiar con una deuda escalofriante hoy de $ 2.000 millones de pesos contraída a corto plazo y muy altos intereses, con una situación que obligará a ajustar las cuentas, resignar la obra pública, con seguridad aumentar los impuestos, pagarle al ejército de empleados públicos que creó Urribarri en 8 años, renegociar la deuda pública con la Nación que hoy no se paga, desmantelar de a poco una burocracia demasiado acostumbrada a no hacer y dejar pasar y…encima de todo eso…enfrentar el malhumor social y cumplir con sus compromisos de campaña.- 

A menos que la sucesión política quede en manos del mismo régimen y el heredero del botin continué con la misma fiesta, gobernando con sindicatos aliados, pactando con el cartel de empresas que admiten el sobreprecio inherente a la obra pública y administrando al Estado como un negocio al servicio del gestor de turno.- 

En este esquema la justificación del “empleado infiel” es, casi, el chivo expiatorio ideal para lavar las culpas de un modelo que se recicla con distintos ropajes, con otras caras y otros discursos….pero con exactamente la misma lógica de conservar siempre el poder: único y verdadero objetivo de sus mercaderes.-

FUENTE:
JUAN CARLOS ARRALDE